Siempre somos niños y siempre sabemos que llegaran momentos en que debemos actuar cómo adultos, y lo hacemos lo mejor que podemos, sacamos fuerzas de flaqueza para observar, en medio de ciertas circunstancias adversas, soluciones posibles, las opciones que quedan.
A veces la realidad nos toca el hombro y nos da un aviso difícil, entonces sabemos que es el momento de hacerse cargo, de agudizar la vista e incluso de tener la fortaleza de dejar que las cosas sean como son, a veces combatir, no aceptar, rechazar no sirve de nada y la solución se encuentra en aceptar y asumir y comenzar a crecer a partir de este sitio nuevo en donde la vida nos ha puesto, y construir nuevos cimientos, y recordar el amor, sobre todo el amor.
En las dificultades parece que quedamos abandonados de una bondad que en nuestro mundo de niños siempre esta, la vida nos toca el hombro y sabemos que el cuento se ha alejado, que la realidad muestra su rostro áspero, entonces nos olvidamos de la tranquilidad, nos olvidamos de nuestra calma y abrimos la puerta a la pesadilla.
Entonces yo me acurruco en el pequeño amor, en un espacio que me entrego a mi misma, puede sonar de loca, últimamente esta pequeña locura me ha salvado de locuras peores.
En este pequeño amor ni siquiera pretendo rezar ni formular nada, siento que esta de mas, que en esta meditación quien más importa soy yo y yo ya se todo lo que siento, en este pequeño amor no le ruego a nadie, me canso de rogar o de pensar en los cómo, en las razones o en las formas de solucionar. No tengo ninguna culpa, no quiero seguir sintiendo angustia, me canso de sentir dificultad, lo entrego todo.
A veces, solo a partir de acurrucarme y sentirme en ese estado es que logro purificar las emociones, puedo llorar o puedo volver a sonreír y a sentirme abrigada por ese sentimiento de bondad que la realidad me había hecho olvidar.
No tengo que demostrarle nada a nadie, ni inventar soluciones, de pronto escucho mi sabiduría, recuerdo que en el pequeño ser que soy este pequeño amor se vuelve inmenso y no exige nada de mi y me embargan las ganas de agradecer, cansada de que todo exija algo de mí, el amor no lo hace. Solo cuando pienso que el amor es este pequeño sitio en donde me acurruco y me entrego, encuentro el significado del estado del amor, porque es fácil hablar de amor e imaginar que puede ser un sentimiento abrumador, inmenso, poderoso, sagrado, y toda esa grandilocuencia teórica no nos acerca a él. El amor es tan íntimo y pequeño y cuando uno no le exige nada, ni le inventa nada, ni lo coloca en un concepto, se hace vasto y simple, tan increíblemente simple y bondadoso como el solo existir.
Así me incorporo, sin haber formulado nada, porque ya se todo lo que quiero y lo que busco, y solo habiendo deseado estar en él vuelvo a observar la realidad con más alivio, las cosas buenas comienzan a suceder y mi mente esta más clara para aceptar los hecho tal como son. Vuelvo a sonreír.

;)