Es fácil sentir que sin deseos la vida sería fome de alguna manera, pero desde mi marginal y loca perspectiva, cada día que pasa yo busco más la pasión sin el ansia del deseo.
Me he pasado el día componiendo una idea, no siento angustia ni obsesión por ella, fluye con dulzura y sencillez. Cada vez que la descubro y nace una nueva imagen y crece, gozo el proceso de crearla, no imagino más que esto, no pienso en mucho más y estoy tomada por la emoción que va inspirándome, el deseo pulsa en esto, pero no es un deseo en el que sienta falta ni angustia, esta en mí y me entrega una pasión contemplativa y muy personal, similar a lo que creo que es la mística.
Vivo al borde de mil estímulos, cada uno me llama y me atrae y se agotan o nunca los alcanzo, no es cierto que mi pasión esta en ellos, la llevo conmigo, sentarme aquí y ahora a gustar de mí, a gozar lo que creo, a querer a quienes quiero, no me aburre, no me abruma más que de belleza y simpleza, y me llena de pasión, pero más bien es la pasión de observarme a mí viviendo ese placer.
Es similar a lo que pienso de grandes artistas que crean por pasión y no por proyección, que tienen una pasión absolutamente intima, una atención profunda, que los moviliza y los sobrecoge, pero no necesita estímulos externos, es porque sí y es para sí misma.
En muchos sentidos yo comparo todo lo que me gusta a ir generando una melodía. Es cierto que los deseos o anhelos llevan una pasión, pero no me parecen lo mismo, puedo ir en busca de metas con mucha fuerza y determinación, pero hay momentos en que la pasión esta desprendida de metas, esta en mis virtudes, esta en lo que me gusta, está en los momentos y no en los anhelos y es porque esta en mí.
El desapego no carece de pasión, creo que, muy por el contrario, el desapego carece de angustias, angustias por lo que va a pasar, angustias por si va a resultar, angustias por frustrarse o sentir la falta de lo que se desea, y de pronto estamos haciendo algo que nos apasiona, viviendo el momento, adorando algo que es muy personal, que nace desprendido de lo externo.
Es más sencillo vivir esto en la juventud, por eso pienso que nos quedamos siempre con la sensación de que todo tiempo pasado fue mejor, cuando hacíamos cosas que nos gustaban por el hecho de hacerlas, sin compromisos, sin metas, es fácil matar nuestras pasiones llenándolas de esfuerzo y también es fácil encontrar gente que ha perdido su capacidad de atención y pasión, cada estímulo que obtienen los puede agotar y el deseo y la pasión son siempre algo que esta más allá, que no obtienen.
Creo que escribo esto ahora porque de a poco lo que más me gusta hacer se vuelve un trabajo, comienza a exigirme y noto que los días menos productivos son los días en que más me agobian las metas y las exigencias. Este año he vuelto a sentir esta sensación de pasión tranquila e intima, intento no perderla.



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A mi me pasa lo mismo, gracias por el post