Hace un tiempo escribí un post sobre la culpa, lo borre porque sentí que no estaba expresándome claramente aún.
Desde hace dos años, desde que decidí, como un decreto por amor a mi misma, entender porque parecía que mi mundo se cerraba a opciones y yo me sentía vencida, comenzaron a llegar a mí las señales, las palabras, incluso los momentos para reflexionar acerca de las batallas que viví, los detalles que no percibí, los errores que cometí por no defenderme, por no saber cómo crear y establecer lo que buscaba.
Había escrito muchas cosas y al releerme, como un psicoanalista, descubrí que mis propias palabras me traicionaban, busque otra perspectiva y desde el desapego, como observando a otra, pude ver que mis emociones estaban sometidas a mi pensamiento y este siempre llegaba a la misma conclusión: me falta todo, necesito que alguien, que algo externo me haga sentir valiosa y mis emociones respondían en equivalencia a eso, hasta agotarme.
Ese pensamiento fue el que hizo que yo fuera como un juguete de mis emociones, ahora me doy cuenta de que un pensamiento tan brutal como ese genera una emoción equivalente, siempre están unidos, no importa como empecemos, con una mala emoción, con un pensamiento malsano, son las dos caras de una misma conciencia.
Cuando uno no percibe esto avanza sin detenerse, sin saber cómo, hasta que todo explota, llega la crisis y aquí una de las frases que una vez leí y que más me ayudo fue de un sabio Taoísta:
Cuando uno reconoce lo bueno nunca más se acaba, lo único que se acaba es el error.
La crisis es necesaria y es inevitable y su resultado es la sabiduría, el equilibrio.
Cuando uno acepta ser lo que se quiere crea la certeza y la certeza es implacable, no duda, corta lo malsano, es libre y absolutamente clara, es la fe en uno mismo, es crear lo que queremos en vez de buscarlo. No hay violencia en la certeza, pero es severa.
Yo misma cree el problema, no tengo a nadie a quien culpar, yo buscaba pero no creaba, yo esperaba soluciones, pero no solucionaba, yo me entregaba pero no me disponía a recibir, a cuidar de mí, a crear lo que quiero, lo que soy, por eso todo lo que llegaba a mi era una manifestación de esta confusión, de mi ignorancia, de mi histéria.
Resulto que todos los embrollos tenían una respuesta muy sencilla: No fue mi culpa, simplemente no sabía.
lo mejor de la crisis es que aprendí de mi ignorancia a ser lo que quiero



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Muy bien la Jose hermoso lo que acabas de escribir, mira poco a poco se va lejos, lo mismo me pasó a mi, cuando volví a reeler mis escritos eran una barbaridad, así que no eres la primera ni la última- hay muchas que ni siquiera intentan escribir- Te felicito. con cariños. Manuel/vagoh