Llevo tres días de viaje. Me siento liviana a pesar del cansancio, el hecho de que haya decidido detenerme y pasar la noche en el auto me ha hecho sentir ajena al miedo, me despertó la claridad azul y solo en ese momento me di cuenta de que el cuerpo estaba incomodo y un poco adolorido, pero el sueño de esas pocas horas fue pesado, aprovechado, parece que solo necesito viajar y dormir, lejanía. Cuando pase por Chillán y converse con el Señor Esteban, sentados en la plaza, su rostro se me hizo preciso, como si necesitara conocerlo, la piel castaña y su sonrisa de pliegues, sus ojos tan negros que reflejaban un rayito blanco del sol de la tarde. Le pregunte por el amor, ahí el se rió como diciéndome, niña, que cosas que me pregunta.- a esta edad el amor esta en calma- me dijo- antes no, ahora tengo mi casa, mis animales- sus dos perros tendidos a sus pies- me falta una mujer no más, porque la calma ya la tengo tendida pa´ cuando llegue- y así se reía con su risa de niño.
Me sirvo mi café, el agua del termo ha resistido y esta caliente, estoy igual que aquel comercial de Nescafe, de la mujer que toma un café junto a su auto mirando el amanecer, casi quiero cantar el tema, en realidad, si lo canto, y la imitación me alegra. Frente a mi se extiende un campo tan verde como la frescura, húmedo y aromático, más allá unos árboles tendidos. Quisiera sentir que no tengo idea a donde voy, en el fondo es así, pero no quisiera tener un destino, un número de casa donde golpear a la puerta y sentir que esto quedo atrás, que fue, como los sueños. Estar con alguien como Don Esteban es estar sin necesidad de decir un nombre que signifique más que un momento y yo quisiera mantener este bajo voltaje, esta impresión de ser sin razones, esta inmensidad lenta y mansa, me siento más cerca de todo en esta distancia, quiero llevarla conmigo.



Conseguiste dar como un permiso para mirar tu mente y tu corazón en este viaje tan poco común que describes.
Es atípico, porque estamos tan programados, que un viaje está resuelto anticipadamente hasta e sus detalles menores.
Me ha provocado una enorme envidia la situación de libertad que se desprende de tus palabras.
José, que siga tu viaje tan placentero como hasta ahora y te vienes despacito.
Cuidate y un abrazo