Ayer iba manejando y me detuvo la roja. Miro por el espejo.
-Julio! (a mi copiloto)
-que?
-Mira para atrás por favor, el auto de atrás.
Lo único que se veía era un viejito manejando al que una apasionada mujer de sombrero besaba sin pudor, le tomaba la cara y se hundía en la pálida mejilla del octogenario.
-¿Qué onda?
Cuando la mujer se vuelve hacia delante, aún abrazándolo nos damos cuenta que también es octogenaria, bien arregladita, con sus aros grandes y sus uñas rojas, y su sombrero cubre su pelo blanco, un bombón ella. Pura pasión, que rico.
-Amor en los tiempos del Cólera.
Ahí uno se queda pensando, ¿Qué tiene que ver Brad Pitt o la modelo Calvin Klein del año con la pasión y la atracción? Que imbecilidad es esa que determina que solo hay deseo cuando hay juventud, tersura y “belleza”.
Si amar y desear a alguien es una decisión. Cuanta gente piensa que cuando sea más viejo ya no tendrá pasión, o que a lo largo del tiempo el deseo se agota, se agota por que quieren no más, porque así se dice que pasa, ¿que es lo que te apasiona de quien amas?
El caballero le manda un besucazo antes de seguir cuando da la verde. Que increíble, que gusto, que rico, que envidia, raro que de envidia, que una quiera ser esa viejita, jajajajaja. Lo bueno es que entonces me queda un buen rato para vivir apasionada.



Excelente anécdota y sabia reflexión.
Como seré con mi esposa cuando sea viejito?
Jugaremos carioca apasionadamente?
Esta noche le pregunto si me amará cuando sea un viejito arrugado.
Saludos
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Juamp(i)
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